viernes, 5 de septiembre de 2014

Capitulo Uno: Sensación Extraña

Todos sabemos lo que queremos, o al menos eso creemos, en la vida todos tratamos de no equivocarnos peno nos equivocamos al tratarlo, fracasamos y nos rendimos al ver que no podemos lograr nuestros objetivos y no nos damos cuenta de la realidad, la realidad es que es mejor fracasar cien veces que no hacerlo nunca, una persona que fracasa y sigue intentando tarde o temprano lograra su objetivo y será más sabia que el que nunca fracaso, porque de los errores se aprende...




Trataba de repetirme esas palabras todo el tiempo en mi cabeza para ver si así podría lograr ser una mejor persona y hacer que la mujer que me dijo esas sabias palabras, la que me crió desde pequeña se sienta orgullosa de mi, y de alguna manera tal vez así yo deje de sentirme una carga para esta familia.



Mi nombre es Samara y tengo 15 años, soy una chica como cualquier otra, mido 1,70, tengo el cabello castaño claro, piel blanca y unos ojos de un tono verdoso y a la vez dorados. Pero claro, mi aspecto era como el de cualquier otra persona, pero mi vida era algo diferente, en el mundo también hay otras chicas con mi misma historia pero de alguna manera no puedo evitar pensar como hubiera sido mi vida si las cosas en el pasado se hubieran dado de otra manera, ahora no me servía de nada pensar en eso, era solo una forma de perder el tiempo ¿Pero cómo explicarle eso a mi mente? A veces, me quedaba horas en silencio mirando a la nada, solo yo y mis pensamientos, solía ser bastante callada, no intercambia muchas palabras con mis compañeros de escuela, tampoco tenía compañero de banco, así que tampoco tenía muchos amigos que digamos.



Cristina y Fabián me adoptaron en un orfanato de las afueras de Francia en unos de sus viajes por Europa, en ese entonces ellos tenían un par de años de casados y como no lograban tener hijos decidieron adoptar. Me considero afortunada de que dos personas como ellos me hallan criado como una hija, es solo que me hubiera gustado que en verdad fueran mis padres biológicos.
En estos últimos años comenzaba a sentirme como una carga para ellos, un estorbo, hace tres años Cristina logro quedar embarazada de una niña hermosa, y no es envidia lo que yo tenía es solo comenzaba a sentir que ya no pertenecía aquí.



Me encontraba en mi cuarto, estaba sentada en mi cama mirando el reloj que tenía colgado sobre la pared, eran las cinco de la mañana y se suponía que tendría que haberme dormido hace ocho horas, puesto a que hoy tenía que ir a la escuela, pero no lograba dormirme tenía una sensación extraña como un presentimiento, sabía que a esta hora ya no me dormiría, así que decidí darme un baño para ver si me relajaba un poco. 

Me metí debajo de la regadera, y debo admitir que al salir del baño ya estaba más tranquila, aunque el agua estaba algo fría siempre lograba relajarme, salí del baño, abrí mi closet y me puse unos pantalones de jean azules con unas botas de cuero marrones que me llagaban casi hasta las rodillas y arriba una camiseta blanca con un pulóver de color natural, agarre mi mochila y un tapado marrón para ponerme luego, baje por las escaleras de madera y camine por el pasillo hasta toparme con Cristina en la cocina, estaba preparando el desayuno.



- Buenos días - Dijo con una amable sonrisa – Madrugaste – Lo dijo más como una afirmación que como una pregunta.


Solo sonreí y me senté en la mesa, al poco tiempo bajó Fabián con Marisa en brazos.


- ¡Hola mis amores! – Dijo Cris con esa voz que la gente usa cuando le hablan a los bebés y a los perros, ambos se besaron y era esa la típica escena de familia feliz que veía todos los días. Me levante de la mesa.


- Ya me voy – dije


- ¿Tan temprano? – Pregunto Cris


- Si, es que tengo un examen y quiero llegar temprano para repasar los temas. – Mentí, odiaba mentir y más a ellos pero no aguantaba un segundo más allí.


Agarre mi mochila, me puse el tapado y me fui. Eran las seis y media, y mi escuela abría recién a las siete y media, no me iba a quedar una hora esperando en la puerta así que preferí ir a la plaza que estaba a unas dos cuadras de la escuela, suelo ir allí casi todas las tardes para distraerme un poco del ambiente que tenía en casa. 
El sol apenas comenzaba a salir y yo amaba caminar por esta hora del día en otoño, sin dudas era mi estación favorita, las hojas color café cayendo de los árboles que poco a poco iban quedando vacíos.

 Finalmente llegue a la plaza, cruce la calle y camine por un camino de piedra rodeado de árboles, hacia la parte donde estaban ubicados los bancos. La plaza abarcaba toda una manzana, tenía una parte pequeña donde había juegos para los niños y en el resto eran solo árboles, bancos y mesas de material. 
Me senté en un banco, tuve la sensación de que alguien me observaba y comencé a mirar a mí alrededor, pero no había nadie, yo era la única persona allí, de pronto sopló una suave brisa y todas las hojas que se encontraban en el suelo comenzaron a volar con el viento, mis ojos comenzaron a cerrarse involuntariamente hasta que finalmente me dormí en un sueño profundo, era de por sí muy extraño lo que me estaba pasando; yo sabía que estaba dormida y quería despertarme pero no podía, escuchaba todo, sentía todo, pero no podía abrir los ojos ni moverme.
¡Despierta! me grite a mis misma, pero era inútil, mi cuerpo no respondía a mis órdenes. 

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